miércoles, 27 de agosto de 2008

CONSEJERIA CRISTIANA: EL SUICIDIO

El Suicidio
Llamamos Suicidio a aquella acción por la cual una persona acaba con su propia vida. La clasificamos como conducta autodestructiva porque esa acción puede conducir directamente a la muerte o puede ser un intento pero siempre existe una intención letal en su misma esencia.
En este artículo trataremos de revisar las características humanas que predisponen más hacia dicha tendencia, los factores de riesgo y los tipos de suicidio que se conocen.
Partimos de la base de que el suicidio no puede prevenirse, sólo podemos clasificar a determinadas personas o situaciones en la carpeta de "alto riesgo" pero su escasa prevención despertará en familiares y amigos sentimientos de culpa u hostilidad.
Conductas autodestructivas en el ser humano
El ser humano continuamente lleva a cabo acciones autodestructivas como por ejemplo fumar, beber en exceso, practicar deportes de riesgo pero la intención habitualmente no es la de acabar con la propia vida sino experimentar determinado placer.
Cuando una persona tiene una intención de suicidio no buscan el deleite sino acabar con el sufrimiento porque su visión de túnel no permite ver otras posibles salidas.
La jerga suicida más conocida es la siguiente:

Suicidio consumado: Conducta autodestructiva y autoinfringida que acaba con la muerte de la persona que lo lleva a cabo.

Suicidio frustrado: Suicidio que no llega a consumarse porque un imprevisto (algo con lo que no contaba el sujeto) lo interrumpe.

Intento de suicidio: Daño autoinfringido con diferente grado de intención de morir y de lesiones.

Ideación suicida: Pauta de afrontar los problemas que tiene cada persona.

Gesto suicida: Amenaza con hechos sobre una conducta autodestructiva que se llevará a cabo. Suele estar cargada con simbolismos.

Amenaza suicida: Lo mismo que el anterior pero con palabras.

Equivalentes suicidas: Son las automutilaciones que puede hacerse una persona.

Suicidio colectivo: La conducta autodestructiva la llevan a cabo varias personas a la vez. En este tipo de suicidios lo normal es que una persona del grupo sea la inductora y el resto los dependientes.

Suicidio racional: Una persona que tras una larga enfermedad por ejemplo incapacitante, llega a la conclusión de que lo mejor que puede hacer es suicidarse.
Hay que diferenciar las tentativas de suicidios de los suicidios consumados, los primeros suelen ser llamadas de atención pero hay que controlarlos muy de cerca porque dichas tentativas suelen repetirse con bastante asiduidad durante las primeras semanas que siguen a la tentativa y existe el riesgo finalmente de consumarlo.
Para explicar el Sucidio diferentes modelos han dado su propia versión, de los cuales analizaremos 4: biológico, genético, psicológico y sociológico.
Modelo Biológico
Las personas que parecen tener cierta vulnerabilidad hacia el suicidio presentan un descenso en los niveles de Serotonina (neurotransmisor) en el Líquido cefalorraquídeo.
También se ha encontrado un descenso en la actividad dopaminérgica.
Modelo Genético
El estudio de los árboles genealógicos confirma cierta transmisión genética.
Modelo Psicológico
Según el Psicoanálisis, el suicidio es un homicidio contra uno mismo a causa del abandono vivido por los demás. La agresividad que siento hacia el entorno la dirijo hacia mi y por ello me suicido.
Los datos que nos parecen más acertados son algunos de los postulados por Sneiman:
1. El suicidio es la búsqueda de solución a un problema que genera sufrimiento.
2. Es una manera de cesar la conciencia, no necesariamente la vida.
3. El dolor que no controlamos es un riesgo de suicidio para acabar con ese dolor incontrolable.
4. Para el suicida, el acto siempre es lógico.
5. La emoción del suicidio es la desesperanza y el desamparo.
6. Su actitud: la ambivalencia. Vivir y morir a la vez pero uno de los sentimientos surge con más fuerza.
7. El estado cognitivo es la "visión de túnel" antes nombrada.
8. El suicidio es un acto de comunicación interpersonal con "pistas" a modo de señales que ha ido dejando el ejecutor.
Modelo Sociológico
A cada sociedad le corresponde un número X de suicidios. Los hay de tipo altruista, egoísta, anómico (sociedad cambiante en la que se pierde el control social) o incluso ritualista.
Una mirada a los principales factores de riesgo
Antes podíamos decir que la mayor proporción de suicidios consumados es a partir de los 65 años pero ahora la tasa de suicidio juvenil se ha incrementado considerablemente entre los 15 y los 25 años. El desencadenante más frecuente de tentativa de suicidio es el fracaso en la relación amorosa. El 98% de los pacientes suicidas consumados tienen sintomatología de trastorno mental.
La enfermedad psiquiátrica con más riesgo es la depresión. Los momentos con más riesgo es cuando disminuye la inhibición y la melancolía, es decir, el paciente deprimido parece empezar a mejorar, o bien cuando se inicia el cuadro depresivo y todavía no nos hemos enterado. Los tres síntomas de la depresión relacionados con el suicidio son:
1. + insomnios
2. + abandono del cuidado personal
3. + deterioro cognitivo
La segunda enfermedad con mayor riesgo es la esquizofrenia y la tercera, el abuso de sustancias (alcohol y otras toxicomanías).
Es la ausencia de vida la que lleva más al suicidio que los "life events" (acontecimientos de la vida) que sólo se relacionarían con intentos. Las situaciones de cambio, ruptura y desarraigo son también factores de riesgo suicida.
La vida avanza inexorablemente como el agua de un río arrastrando al ser humano con su corriente. El hombre con su equilibrio ha de ser capaz de afrontar las circunstancias adversas que le salen al paso. La vida no es más o menos justa, más o menos injusta, mala o buena, podríamos decir que la vida tan solo ES.
La vida es posible que les parezca dura o implacable a los fracasados, a los débiles o a los deprimidos, que en vez de afrontar los obstáculos se sientan a lamentar su fracaso. Una y otra vez repiten los mismos errores sin llegar a pensar como evitarlos por lo que el círculo se cierra sobre ellos fracasando de nuevo.
Es inútil maldecir a la suerte, para luchar se necesita saber como es el adversario si no lo haces ya has perdido la batalla de antemano. Si eres fuerte y estás equilibrado tienes mucho ganado y adaptarte a las circunstancias es coser y cantar. Cuando el interior alcanza el equilibrio es difícil que llegado el fracaso nos afecte porque nos encontraremos ante un adversario al que conocemos y contra el que podremos combatir todavía si cabe más fuerte.

Los pensamientos suicidas
A veces, cuando he tenido depresiones e ideas suicidas, me he esforzado en indagar la causa de mis males. En los libros que tratan del tema encontré, más que nada, información estadística sobre los suicidas, su nivel de vida o su trabajo. Los testimonios personales se limitaban al caso particular del autor y no eran de mucha ayuda a la hora de entender qué me ocurría y qué podía hacer para acabar con mi tremenda pena y dolor. Podría decirse que yo padezco una ligera manía-depresiva, a la que soy más bien propenso dados mis antecedentes familiares. Pero no voy a hablar de mí mismo. Lo que intento con este artículo es ayudar a los deprimidos, a aquellas personas a quienes les asaltan ideas suicidas, así como a sus familias, a entender mejor lo que les ocurre, y a buscar posibles soluciones.
La mayor parte de los que tienen ideas suicidas están, además, deprimidos. Los dos principales motivos por los que una persona se deprime son, en primer lugar, la pérdida del control sobre su situación vital y sus emociones y, en segundo lugar, la pérdida de toda visión positiva del futuro (desesperación). Ante la depresión y las ideas suicidas que de ella derivan sólo puede resultar eficaz una terapia que nos ayude a recuperar el control y la esperanza.
La depresión hace que nuestra visión del mundo circundante se estreche hasta tal punto que llegamos a distorsionar la realidad. Nos fijamos únicamente en los aspectos negativos de la vida, y los positivos los pasamos de largo como si no tuvieran importancia alguna o, sencillamente, no existieran. Rechazamos por estúpidas todas las opciones que se nos ofrecen para resolver nuestro problema, hasta que parece que no hay solución posible. Se nos echa encima una tristeza persistente y angustiosa que, como la muerte súbita del padre o de la madre, nos produce un dolor que dura semanas, meses e incluso años. Es como si estuviéramos atrapados en una oscura caverna sin salida, o quizás en un túnel que empieza en un dolor constante y llega hasta los mismísimos infiernos, sin posibles salidas ni hacia el cielo ni hacia la felicidad. Empezamos a creer que nada nos puede aliviar y que nuestro dolor no va a acabarse nunca. Y mañana igual, o aún peor. ¡Puede que la única solución sea la muerte!
El suicidio no soluciona nada, lo único que hace es adelantar el final sin haber encontrado la solución. No se puede decir que el suicidio sea una opción, ya que "opción" quiere decir "posibilidad de optar o elegir", y el suicido nos arrebata para siempre lo uno y lo otro. La muerte es un acontecimiento irreversible que, no sólo no elimina el dolor, sino que lo transmite a quienes nos rodean. También transmiten su dolor las personas que viven en la más absoluta soledad y se quitan la vida. Se lo transmiten a aquellos miembros de la sociedad a quienes les importa y les procupa. Por ejemplo... ¡a nosotros mismos!
Mucha gente tiene ideas suicidas a lo largo de la vida. Para casi todos se trata de una idea pasajera, después de la muerte de un ser querido, o cuando los avatares de la vida les hacen ver unas perspectivas de futuro desalentadoras. Otros, con menos suerte, pueden ser genéticamente propensos a la depresión, padecer un desequilibrio químico, o haber pasado muchas desgracias a lo largo de su vida: algo que, en suma, les conduce a la depresión. Además de éstos, hay otros que "llaman a la depresión a gritos": son los que cultivan procesos de pensamiento cognitivo irreales y aspiran en la vida a objetivos inalcanzables. Sea cual sea la causa de la depresión, cualquier persona puede verse asaltada por intensas ideas de suicidio cuando el futuro se muestra desesperanzador.
No hay ninguna clase o tipo específico de persona que pueda tener la seguridad de no albergar jamás pensamientos suicidas. Los médicos, los terapeutas y los adolescentes ocupan los primeros puestos en las estadísticas de suicidios consumados; si bien parece que en personas con firmes convicciones religiosas es más infrecuente el intento de suicidio.
LOS DESENCADENANTES DEL SUICIDIO
Toda vez que una persona está deprimida y con pensamientos suicidas, hay una serie de factores o sucesos desencadenantes que pueden empujarle aún más cerca del suicidio. El reconocimiento de los factores y sucesos vitales desencadenantes de renovadas ansias suicidas puede ayudar al deprimido a entender lo que le ocurre y permitirle controlar mejor sus emociones.
1. LA TERAPIA: SU PRINCIPIO. MÁS ALLÁ DE LA TERAPIA.
Las estadísticas de suicidios son especialmente altas entre los pacientes que están empezando una terapia. Al comenzar una terapia, los propios síntomas de la depresión nos llevan a pensar cosas como "esto no va funcionar" o "para qué me meto en este lío si lo mío no tiene arreglo". Además de estos pensamientos puede ocurrir que el paciente y el terapeuta no conecten o no "encajen", por así decirlo (lo cual es perfectamente explicable si se tiene en cuenta que hasta entonces habían sido dos perfectos desconocidos). El creer que una terapia no va a dar resultado, especialmente si no es la primera, tiene consecuencias devastadoras. Podemos pensar que si la terapia falla, nunca nos veremos libres de este dolor, y que no tiene ningún sentido seguir intentándolo.
¡ESTO ES IMPORTANTÍSIMO! Es especialmente trágico que, tras haber seguido un tratamiento terapéutico y haber experimentado una mejoría apreciable, el paciente se suicide. ¡Y sin embargo ocurre! La depresión es un fenómeno intermitente, es decir, puede aparecer y desparecer sin previo aviso, a veces en cuestión de instantes. Al deprimido que se siente eufórico y, por fin, puede imaginarse un futuro sin depresión, cualquier contratiempo le provocará automáticamente una huida hacia la respuesta condicionada: las ideas de suicidio. Al pensar que vuelve de nuevo el intenso dolor de la depresión, nos hundimos, con lo que se refuerza el impulso suicida. Los desencadenantes de este nuevo episodio suelen ser los mismos que influyeron en la primera depresión. Después de la terapia hay cosas que pueden desencadenar de nuevo los impulsos suicidas: por ejemplo el verse de nuevo expuesto a malos tratos familiares, tener que aguantar a un jefe mezquino, sentirse incapaz de vencer una adicción, tener una imagen inadecuada de uno mismo, los problemas financieros, etc...
Sin embargo, ¡hay un lado positivo en todo esto! Los impulsos suicidas no tienen por qué arrojarte de nuevo al infierno de la depresión. Tampoco implican necesariamente que la terapia haya ido mal, o que haya que volver a empezar desde el principio. Saber reconocer los acontecimientos vitales que desencadenan estos nuevos impulsos suicidas puede ayudar a comprenderlos en cuanto aparecen y a tener la certeza de que es posible eliminarlos. El pánico que produce la reaparición de los pensamientos de muerte y suicidio durará muy poco si no se les permite adueñarse de la mente. Hay que acudir al médico, a un amigo o a algún centro de apoyo y ayuda; el caso es hablar con alguien y contarle lo que ocurre. Lo único que necesita el enfermo en esta fase de la enfermedad es tiempo. Sin duda alguna los pensamientos negros desaparecerán en cosa de dos días, ¡o menos!
2. LAS VACACIONES
Cuando los impulsos suicidas se han convertido en la única respuesta condicionada ante el estrés y los contratiempos, puede ocurrir que el encontrarse con determinadas personas o frente a determinados acontecimientos provoque un retorno a la depresión y a las consiguientes ideas de suicidio. Durante las vacaciones, por ejemplo las Navidades, los Carnavales, la Semana Santa, o el Día de Acción de Gracias (según las culturas), es normal volver la vista atrás y recordar todas las penas de nuestra vida. El hecho de ver disfrutar a los demás puede hacernos pensar que estamos excluidos de la alegría y que ya nunca más podremos pasárnoslo bien. La reacción ante la alegría ajena en períodos festivos es, normalmente, buscar un refugio donde escondernos o, sencillamente, enfadarnos. Lejos del barullo, buscamos escondernos en un cuarto entreteniendo a un niño pequeño, o quizás nos escabullimos de la fiesta con la excusa de tener que arreglar algo en el jardín de la casa o donde sea; la cuestión es esconderse y que no nos vean, para así evitar conversaciones que nos hagan recordar el dolor y la pena. Hay que evitar cosas como que la "tía Carmen" (o cualquier otro, incluso un desconocido), se acerque solícita a preguntarnos si por fin tenemos trabajo, o si ya se han acabado los trámites del divorcio... o cualquier otra cosa que así, de sopetón, nos arroje de nuevo a la tristeza y al dolor de la depresión, y a pensar en el suicidio. O a lo mejor resulta que un pariente comprensivo viene a preguntarnos con todo su cariño: "Pero hombre, ¿qué es lo que te pasa?"; y se esfuerce en alegrarnos y sacarnos del caparazón, y claro, si le contestamos con un exabrupto siempre habrá alguien que diga o piense: "Éste (o ésta) siempre anda haciendo daño a los que le quieren". Es una pena, pero vamos por ahí contagiando la depresión a los demás.
3. LOS ENEMIGOS
En nuestra vida hay auténticos enemigos (el jefe que nos agobia, el cónyuge o pareja desconsiderado, o ese tío pesado que no deja de darnos la tabarra), que en ocasiones pueden dar pie, de nuevo, a las ideas suicidas. Además, cuando alguien conoce a un deprimido por primera vez, es fácil que se dé cuenta de su estado o, de una u otra manera, lo adivine. A lo mejor se trata de un proceso subconsciente mediante el cual percibe una serie de señales, tales como la postura que adoptamos, los gestos faciales, la actitud general... que le llevan a una reacción brusca y violenta, absolutamente inexplicable e improcedente dadas las circunstancias del momento. Este tratamiento injusto deja al deprimido totalmente perplejo y, seguramente, pensando cosas como "qué injusto es el mundo" o "menudo asco de vida". Otros, compasivos, sienten lástima del deprimido y, al no saber expresarla adecuadamente, se comportan de manera inapropiada y provocan situaciones embarazosas. Y, por último, nunca falta el que anda por ahí buscando gente con la moral baja para aprovecharse de ellos y mostrar una superioridad que satisfaga a su maltrecho ego. ¡Ánimo!, a medida que la depresión va desapareciendo, también desaparecen las reacciones de este tipo, ¡por completo!
4. FENÓMENOS NATURALES
La influencia de los fenómenos naturales sobre el ánimo del deprimido es extremadamente importante, sobretodo cuando la depresión empieza a remitir. Los frentes fríos de avance rápido, la luna llena y la luna nueva, los cambios estacionales y la escasez de horas de Sol en invierno, producen en el deprimido un estado de ansiedad. El riesgo es aún mayor cuando se da el avance rápido de un frente frío dos días antes de la luna llena. Esto no es ninguna tontería, ni mucho menos una superstición de la que no hay que hacer ni caso. Hollywood ha conseguido que nos tomemos a risa eso de la influencia de la luna sobre la mente. Cuando hablo de esto con gente que no lo ha experimentado en sus propias carnes, al momento se les dibuja una sonrisa burlona en la cara y ya da igual todo lo que diga yo a continuación, como si fuera un idiota que no sabe lo que dice. Lo cierto es que la depresión nos retrotrae a un estado emocional más simple y primitivo. Las emociones son más primarias y por eso somos más sensibles a los cambios producidos en el entorno natural o en el propio cuerpo. Se pueden prever los períodos de mayor riesgo en las fases bajas de los ciclos biológicos (por ejemplo durante el ciclo menstrual de una mujer; sin olvidar que los hombres también están sometidos a los altibajos de un ciclo emocional mensual).
Nadie ha encontrado hasta ahora una correlación estadística entre el número de suicidios y la luna llena, por la sencilla razón de que la luna llena no causa ningún suicidio. Lo que hace la luna llena, como los demás fenómenos naturales antes referidos, es producir un estado de mayor ansiedad que agudiza los síntomas depresivos y que, como consecuencia, incrementa el impulso suicida. El riesgo de que alguien se suicide, o lo intente, es mayor durante la semana inmediatamente posterior a la luna llena, a medida que la depresión exacerbada y los consiguientes pensamientos suicidas empiezan a cobrarse sus víctimas.
Es decir, a veces, la explicación de persistentes pensamientos suicidas, fases maníacas que rozan el puro pánico (y que de nuevo nos lanzan al abismo de la depresión), o el empeoramiento de una depresión... se encuentra en uno de esos calendarios que, junto con los días, indican las fases lunares. Naturalmente, el conocer la causa de este retroceso no lo impide, pero por lo menos nos queda el consuelo de entender lo que pasa y de saber que desaparecerá en un par de días, o incluso menos, ¡y así ocurre!
5. LAS ADICCIONES
La nicotina, la cafeína, el alcohol, las drogas ilegales, el abuso obsesivo de la comida, así como algunos medicamentos... ejercen una influencia perniciosa sobre el deprimido. Es muy corriente creer que en cuanto se domine la adicción, terminará la depresión. Esto puede ser cierto en algunas ocasiones, pero ¿y si los esfuerzos por vencer la adicción son en vano?; efectivamente, el fracaso puede hacernos empeorar e imposibilitar, no ya vencer la adicción, sino que ni siquiera lo intentemos. Lo cierto es que la depresión y la adicción son fenómenos distintos y perfectamente separables. Una vez dominada la depresión será más fácil intentar controlar la adicción, sea cual sea, desde una posición de fuerza y no de debilidad depresiva.
6. FANTASÍAS DE MUERTE
Hay gente que, cuando las cosas vienen mal dadas y no pueden soportar más el estrés y el dolor causado por una situación traumática, se consuelan imaginándose que están muertos. La fantasía puede empezar con la imagen de la propia familia y amigos, alrededor de la tumba, llorando desconsoladamente y lamentándose. La multitud de gente que acude al funeral es una buena prueba de cuánto nos querían y admiraban. El precio ha sido alto: la propia vida; pero por fin pueden comprender lo mal que nos ha tratado este mundo, por fin nos toman en serio y se dan cuenta de que nuestra tremenda pena era real y no simulada. Esta fantasía puede presentarse en otra variante: que hemos fingido suicidarnos y nuestros seres queridos están en el hospital, alrededor de la cama, y por fin se enteran de lo insoportable que nos resultaba la pena de vivir.
Los más peligroso es que si uno se acostumbra a fantasear sobre la propia muerte, como mecanismo de escapatoria ante la pena de vivir, la fantasía puede llegar a adquirir el carácter de respuesta condicionada en períodos de crisis o de un mayor estrés. La muerte puede convertirse en un pensamiento reconfortante, hasta tal punto que el temor a la vida llegue a parecernos más horrible que el temor a la muerte.
7. ¡ACABEMOS DE UNA VEZ! (EL ATAQUE MANÍACO)
Los enfermos bipolares o maníaco-depresivos (que van alternando cíclicamente entre la manía eufórica y la depresión) deben poner el mayor interés en identificar los factores que afectan a su estado de ánimo y pueden cambiarlo de signo. Algunos de estos enfermos pueden autocontrolarse en las fases de euforia, otros, sencillamente, no pueden. Bien, pues tanto los claramente maníacos como los que parecen no haber perdido el control, corren un gran riesgo cuando, en un revés de la fortuna, sus aspiraciones un tanto irreales y fantasiosas se transforman en sinsabores. Los cambios de estado de ánimo pueden ser bruscos e inesperados y, en cualquier caso, peligrosos. En cuestión de instantes se puede pasar del estado eufórico al depresivo, con una fuerte inclinación al suicidio.
LA VISIÓN DEL FUTURO
La parte consciente de la mente humana es, sobre la faz de la tierra, la única entidad capaz de abstraer el futuro y formarse un concepto del mismo. Una de las principales fuentes de motivación en la vida humana es, precisamente, la necesidad real de formarnos una idea positiva del futuro. Esta necesidad va más allá nuestra propia condición de mortales, de manera que nos permite contemplar una continuación de la vida después de la muerte. Nadie quiere creer que la muerte es el fin de todo. Los creyentes ven cumplidos sus anhelos en el Cielo, última morada en compañía de Dios; otros creen en la reencarnación; hay quien piensa que simplemente pasamos a otra dimensión, con lo que resuelven el problema de creer en Dios. A otros les basta con la permanencia de su obra, o con la perpetuación genética en sus descendientes, para tener el convencimiento real de que la muerte no acaba con todo.
De todas formas, los que no se preocupan por el más allá necesitan asimismo formarse una idea positiva del futuro, aunque sólo sea a corto plazo. Esta idea del futuro es la que nos hace levantarnos cada mañana y enfrentarnos al nuevo día. En la adversidad y cuando nos vemos atenazados por la rutina, sacamos fuerzas de flaqueza para resistir y aguantar, pensando que quizás más adelante las cosas vayan mejor. La anticipación del futuro es lo que predispone al organismo para el acto sexual, es lo que nos mueve a amasar dinero y poder, a comprar un número de lotería o a fijarnos metas y aspirar a una vida mejor. Todos anticipamos acontecimientos futuros, hasta esos "barrigones cerveceros" que se pasan todo el día tirados en el sofá delante de la tele tienen un futuro "ilusionante": la programación televisiva, o el eructo que se van a echar después de calmar la sed con otra botella de cerveza. Todos necesitamos ilusiones: en cuanto perdemos las esperanzas de que el futuro nos guarde nada positivo, en cuanto desesperamos de que el dolor que sentimos jamás llegue a alcanzar consuelo, entonces, por regla general, caemos en la depresión.
CONCLUSIÓN
El que llega a comprender lo que le está pasando ha dado un paso de gigante para recuperar el control sobre su vida y sus emociones. Pero la curación definitiva es imposible mientras dure la depresión. Lo que recomiendo encarecidamente a quienes padecen una depresión y tienen ideas de suicidio es que busquen ayuda. Hoy en día existen una serie de fármacos bastante efectivos contra la depresión; por otra parte es muy necesario el tratamiento terapéutico para comprender lo que nos ocurre y poder así vivir la vida controlando las emociones.
Este texto lo escribí sentado en una cornisa, contemplando ante mis ojos un abismo infernal. Me debatía entre la irresistible necesidad de saltar y acabar de una vez con todo y la angustia de tener que ganar las fuerzas suficientes como para recuperar el control sobre la vida y las emociones. Hice un esfuerzo colosal para representarme el futuro: un futuro en el que yo estuviera presente. Espero que lo que he aprendido con la experiencia en carne propia y con el dolor de mi corazón te sirva de consuelo en tu pena. Saber qué es lo que te está ocurriendo y por qué motivos, puede ayudarte a recuperar una idea positiva del futuro, un futuro que nos incluya a los dos, a ti y a mí.

Si te encuentras al borde del suicidio
Todos hemos nacido con capacidad para quitarnos la vida. Cada año un millón de personas escogen este camino. Incluso en las comunidades en que el quitarse la propia vida es ilegal o tabú, la gente aún se suicida.
Muchas personas piensan en el suicidio, porque les parece que no les queda otro recurso. Para ellas en este momento la muerte es su mundo y no se deberá subestimar la desesperación real, fuerte e inmediata que las lleva a pensar en el suicidio como último recurso.
No hay remedios mágicos.
Pero también es verdad que:

El suicidio es a menudo una solución permanente y falsa de un problema pasajero.

Cuando estamos deprimidos tenemos la tendencia de enfocar las cosas bajo un punto de vista muy estrecho. Con el paso de una semana o un mes, las cosas podrían cambiar completamente de aspecto.

La mayoría de las personas que han contemplado alguna vez el suicidio, posteriormente se alegran de estar vivas. Dicen que no querían poner fin a sus vidas sencillamente deseaban evitar la pena.
El paso más importante es hablar con alguien. Las personas que están al borde del suicidio no deberán intentar arreglárselas a solas. Tienen que buscar ayuda AHORA.

Hablar con la familia o amigos. El solo hablar con un miembro de la familia o con un amigo o compañero puede aportar un gran alivio.

Hablar con un médico. Si una persona está pasando por un largo período de abatimiento o al borde del suicidio, es posible que él o ella sufra una depresión clínica. Este es un estado médico causado por un desequilibrio químico que generalmente puede ser tratado por un médico psiquíatra mediante la prescripción de medicamentos y/o sesiones de terapia. Hay personas que no pueden confiarse con la familia o amigos. Para algunas es más fácil hablar con un extraño. Por todo el mundo hay centros que ofrecen apoyo, donde se puede hablar con profesionales que han sido entrenados para escuchar.
El tiempo es un factor importante para progresar, pero lo que ocurra durante ese período es también importante.
Cuando una persona está al borde del suicidio, debe hablar inmediatamente de sus problemas.
Ayuda a un amigo o familiar que esté al borde del suicidio.
Calla y escucha!
Si alguien se encuentra en estado deprimido o al borde del suicidio, nuestra respuesta inmediata es la de ayudar. Ofrecemos consejos, intercambiamos nuestra propia experiencia, intentamos buscar soluciones.
Mejor sería callar y escuchar; las personas que están pensando en suicidarse no quieren oír respuestas o soluciones. Buscan un refugio donde poder expresar sus temores y preocupaciones, para ser ellos mismos.
El escuchar – el escuchar de verdad – no es fácil. Tenemos que controlar el deseo de decir algo, hacer un comentario, ampliar un relato u ofrecer consejos. Necesitamos escuchar no solo los hechos que nos está contando dicha persona, sino también entender los sentimientos que han dado lugar a los mismos. Necesitamos comprender los acontecimientos desde su punto de vista, no del nuestro. A continuación se detallan algunos puntos que se deben tener en cuenta si se está ayudando a una persona que está a punto de quitarse la vida.
Qué es lo que quieren las personas al borde del suicidio?

Que alguien les escuche. Alguien que sinceramente dedique su tiempo para escucharles. Alguien que no juzgue, ni aconseje, ni dé opiniones, sino que ponga toda su atención en escuchar.

Alguien en quién confiar. Alguien que les respete y no intente tomar la iniciativa. Alguien que trate todo con una discreción absoluta.

Alguien que se preocupe. Alguien que se ponga a su disposición, tranquilizándoles y hablando con calma. Alguien que asegure, acepte y crea. Alguien que diga "te entiendo".
Que es lo que no quieren las personas al borde del suicidio?

Quedarse solos. El ser rechazados parece aumentar diez veces más el problema. El tener a alguien en quien confiar hace toda la diferencia.
Escuchar

Recibir consejos. Los sermones no ayudan. Tampoco ayuda la sugerencia de "anímate" o asegurarles que "todo saldrá bien". No analices, compares, califiques o critiques.
Escuchar

Ser interrogados. No cambies de tema, no compadezcas o condesciendas. El hablar de los sentimientos es difícil. Las personas al borde del suicidio no quieren ser apuradas o tener necesidad de defenderse.
Depresión
La mayoría de las personas se sienten deprimidas en algún período de su vida, pero para algunas estos decaimientos son más intensos y duran más tiempo.
Este tipo de depresión no "desaparece" por su cuenta y el decir a la persona "anímate" o "serénate" no sirve de nada. No es tan sencillo.
Pero hay esperanza. La depresión es una condición médica que por regla general puede ser tratada. Un médico psiquíatra puede prescribir medicamentos o terapia o una combinación de los dos tratamientos.
Lo importante es buscar ayuda.
Estar atentos a los siguientes síntomas:

Temperamento deprimido – la mayor parte del día, todos los días.

Cambios de temperamento – alegre un minuto, triste el siguiente.

Falta de energía y de interés por la vida .

Irritabilidad y agitación.

Desequilibrio en el sueño (aumento o pérdida)

Pérdida importante o ganancia de peso.

Sentimineto de no ser util y culpabilidad.

Dificultad en concentración y en pensar con claridad.

Indiferencia hacia el sexo.

Pensar en la muerte y la opción al suicidio.
Si conoces a alguien que sufre una depresión prolongada:
Anímale a que vea un médico o un profesional. (ver la sección Ayuda a un amigo o familiar que esté al borde del suicidio)
Las advertencias hacia el suicidio
Es rara la vez que alguien decide suicidarse sin pensarlo de antemano. Durante las horas y los días antes de que una persona se quite la vida, generalmente hay signos y advertencias.
Los signos más fuertes e inquietantes son verbales – "no puedo seguir adelante", "ya nada me importa" o incluso "estoy pensando en acabar con todo". Los comentarios de esta índole hay que tomarlos siempre en serio.
Otras advertencias comunes incluyen:

Estado de depresión o abandono.

Comportamiento temerario.

Poner orden en los asuntos y regalar posesiones de valor.

Un cambio radical en el comportamiento, actitud o apariencia.

Abuso de drogas o alcohol.

Sufrir una pérdida importante o cambio de vida.
La lista siguiente expone más ejemplos que pueden dar señal de que alguien esté contemplando el suicidio. Naturalmente, en la mayoría de los casos estas situaciones no terminan con el suicidio. Sin embargo, generalmente, cuanto más señales da una persona, mayor es el riesgo del suicidio.

Situaciones
Abuso sexual o físico.
Historial familiar de suicidio o violencia.
Fallecimiento de un amigo íntimo o miembro de la familia.
Divorcio o separación marcando el fin de una relación.
Pobres resultados académicos, exámenes próximos o resultados de los mismos.
Pérdida del trabajo, problemas en el trabajo.
Procesos legales inminentes.
Encarcelamiento reciente o próxima excarcelación.

Comportamiento
Llantos.
Peleas.
Infracciones a la ley.
Irreflexiones.
Auto herirse.
Escritos acerca de la muerte y suicidio.
Comportamiento previo de suicidio.
Extremos en el comportamiento.
Cambios en el comportamiento.

Cambios físicos

Falta de energía
Desequilibrio en el sueño (aumento o pérdida)
Falta de apetito.
Aumento o pérdida repentinos de peso.
Aumento en las enfermedades leves.
Cambio en el interés sexual.
Cambio repentino en la apariencia.
Falta de interés en la apariencia.

Pensamientos y emociones
Pensamientos hacia el suicidio.
Soledad – Falta de apoyo de la familia y amigos.
Rechazo, sentirse marginado.
Profunda tristeza o culpabilidad.
Incapacidad de enfocar las cosas.
Soñar despierto.
Ansiedad y estrés.
Sentirse inutil.
Pérdida de autoestima